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Soy un joven escritor navarro, editor de viajes y blogger. Actualmente busco una editorial que confíe en mi primera novela, El péndulo de hielo, la cual la puedes comprar en Amazon.

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sábado, 27 de agosto de 2011

Osama Bin Laden: la marioneta invisible, parte 2


Para no perderos, echad un vistazo a Osama Bin Laden: la marioneta invisible, parte 1

¿Dónde está el cuerpo de Bin Laden?

Según las fuentes oficiales, según el asesor de seguridad estadounidense John Brennan, está enterrado en el mar siguiendo las costumbres del islam. No hay fotografía, dicen tenerla pero no la muestran; será que no quieren herir nuestros pobres corazones. Por si fuera poco, la rama islam suní a la que pertenecía Bin Laden rechaza la afirmación al indicar que hicieron precisamente lo contrario a sus creencias. Puestos a preguntar... ¿por qué los americanos enseñaron el cadáver de su último gran villano, Sadam Hussein, y no hicieron lo propio con el hombre más odiado de los Estados Unidos? Más información aquí.

En todos los lugares huele a podrido, a descomposición, a semen caliente. Nos cuentan que el líder de Al Qaeda escondía vídeos porno en su casa, que con la presencia del hombre del saco no dormía por las noches sin obsersionarse con atacar a los americanos o incluso que el señor de las mil y una barbas dejó instrucciones de cómo vengar su muerte. Quién sabe, la ciencia ficción gusta, y lo que es más importante, vende.

La verdad sólo existe para quien la propaga por las cuatro esquinas. Los reyes magos existen, el ratoncito Pérez es real, besa al sapo y un príncipe encontrarás. Tras la muerte de Bin Laden, se dio la paradoja de hallarnos con Al Qaeda diciendo que Estados Unidos mentía, mientras que fisgoneando un poco, comprobábamos que había ciertas contradicciones en las versiones oficiales de EEUU. Ay, tú, la verdad, el sacrificio para llegar a ti requiere de tanto poder... Dondequiera que estés, Mulder, te compadezco.

Es igual, hemos llegado a un punto en el que una verdad puede perder su identidad si la mass media lo quiere así. Del mismo modo, una mentira grabada en un estudio de televisión puede conseguir timar al espectador ciudadano de la manera más deshonrosa. Id a youtube y fisgonear sobre el 11s, quedaos aquí unos minutos y pinchad en los vídeos. ¿Dónde se encuentra la frontera de la ficción y realidad? Nunca lo sabremos, la bola de nieve borrará las huellas en todas las direcciones.

Toma de Trípoli (realidad)


Cortina de Humo (película)


En xabiervillanueva | Osama Bin Laden: la marioneta invisible, parte 1
Fotografía | Geekyard

martes, 16 de agosto de 2011

Brindando por la vida



—¿Qué tal estás hoy? —me preguntó con malicia.
—Tú qué crees, perra. Estoy con una resaca de caballo por tu culpa.
—¿Por la mía?
—No tenía que haberte hecho caso —quise justificarme a mí mismo—. Debí haber cerrado los oídos a tiempo.
—La trampa de las cervezas inocentes... nunca aprenderás la lección.

     Se me cayó el alma a los pies al escuchar su clarividente respuesta. Ella tenía razón. Nunca sería lo suficientemente astuto como para esquivar las prórrogas de lo que a simple vista es un reencuentro de amistades olvidadas.

—Calla, no me lo recuerdes; y haz el favor de hablar más bajo. Me va a estallar la cabeza.
—Eso es porque te dejas llevar... y no es malo, créeme.
—¿Así lo piensas? —balbuceé dubitativo.
—Si no fuera así no te lo diría.

     Ella se levantó de la silla en dirección al mueble bar. El giro de la llave de metal desnudó a la cerradura dejando entrever unas curvas que ya tenía olvidadas. Raptó de sus aposentos dos vasos vacíos junto con una urna dorada, con leves destellos taciturnos, y se acercó a mí sigilosamente dejando a sus espaldas una bella antigüedad de nogal de piel morena.

     Todavía de pie, sin sentarse y sin rebajarse a mi autoestima, desde las alturas, liberó de su celda de cristal a la despampanante malta escocesa.

—Toma —me dijo posando la copa en mi sudorosa mano.
—No... no puedo. ¡Basta, no me hagas esto!
—¿Acaso no te gusta? —me preguntó desorientada.
—Pensaba que me conocías mejor. Le falta un ingrediente, y es el más importante.

     Se rascó la cabeza torciendo el gesto de su rostro inmóvil. Tras unos segundos de ruidoso silencio, tiempo suficiente para que las orquídeas del balcón se marchitasen, comprendió su olvido.

—Un momento —me indicó su dedo índice.

     Desapareció delante de mis ojos dejando el salón huérfano. Se había esfumado a la estancia contigua, a la cocina, procurando no pisar las baldosas negras que brillaban con vigor. Por el ruido sé que abrió el frigorífico, lo demás fueron enigmáticas suposiciones.

—Aquí lo tienes —vi que algo colgaba de su puño.

     Me sorprendió verla aparecer de la nada aunque, lejos de asustarme, el resplandor del objeto apaciguó mis temores. Sus gélidas lágrimas me resultaron familiares.

—Gracias, te lo agradezco. Siento haber desconfiado de ti —mi sinceridad salió a su encuentro destilando el inconfundible aroma de la amistad.

—No hay de qué —manifestó paternalmente.

     Le arrebaté el péndulo de hielo de sus garras y lo bañé en alcohol. Después de hundirlo en los arrabales del vaso, pequé con un leve sorbo.

—Por ti —brindé alzando mi ilusión.
—Por nosotros —me corrigió con una sonrisa.

Fotografía | Josephsl

martes, 9 de agosto de 2011

Tomando decisiones dentro de la gran elipsis


La muerte aúlla desde la penumbra, tímida, con la mirada perdida en la oscuridad para llamar nuestra atención. En la claridad de una nueva vida, en la otra esquina, un bebé somnoliento llora desconsoladamente al enfrentarse por primera vez a lo desconocido.

Unos vienen, otros se van y, entre medio, estamos los demás, sin saber exactamente a dónde tenemos que ir. Desorientados.

Mi caso es simple, tremendamente simple y, a la vez, complejo, indescriptible, lleno de baches por el camino. Un camino, no lo olvidemos, que todos debemos recorrer desde ese primer abrazo que recibimos de nuestra madre, con el cordón umbilical todavía tirando de ella, hasta ese momento en el que nos apagan la luz de golpe y con ella la respiración.

El trayecto entre estos dos puntos no siempre está asfaltado. Las caricias y el afecto se funden con un traumático dolor en el pecho; de incertidumbre, de malentendidos, de cobardía, de valentía. Porque, sentir dolor no siempre es malo. Es más, a veces es lo único que nos hace sentir vivos. Queridos.

Los obstáculos se suceden en una carrera de fondo. No todos somos deportistas, ni tampoco hemos nacido sabiendo cuáles son nuestras habilidades. Es normal, no nos han enseñado a hacerlo y nosotros ni siquiera hemos demostrado inquietud en aprenderlo.

Vagar sin aparente sentido por la calle a veces es necesario. No tiene mucha lógica pero si nos miramos el ombligo veremos que nuestra existencia anda igual de coja. Sabemos que nacemos para morir pero desconocemos qué es lo que debemos hacer mientras tanto. ¿Esperar? ¿Imitar la corriente marcada por la sociedad, por nuestros familiares y amigos? La vida va deprisa, muy deprisa. Intentamos seguirla y hasta que no comprendemos que no merece la pena acosarla no somos libres. Ella es la que nos debe rastrear, no nosotros. Porque el mañana nos pondrá en nuestro sitio, nunca antes.

Derramar una lágrima no implica ser vulnerable, no significa que tras ella se esconda un culpable. Nos enseña a escuchar nuestro interior, a ser más fuertes cuando nuestras rodillas se tambalean a causa del tiritar de nuestra apatía. Las decisiones importantes dejan de serlo en el momento que las tomamos. Pasan a ser parte de nuestro cuerpo, una extensión de nuestras extremidades que hay que saber mirar con orgullo a través del espejo.

No debemos tener prisa por hallar las respuestas a nuestras dudas. El único requisito es dejar abierta la puerta de nuestra mente porque, en la mayoría de las ocasiones, hace falta olvidarse de los problemas para despejar la incógnita de la ecuación.

Vine al mundo hace muchas primaveras y me iré de él cuando tenga que irme. Preso de la vida sin sentido del ser humano, ¿qué haré dentro de la gran elipsis? Disfrutar, intentar ser feliz, saltar, gritar, correr... escoger mi propio camino, el de escritor. Sentirme orgulloso de mis decisiones del pasado. Luchando.

fotografía | psicoblog

 
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