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Soy un joven escritor navarro, editor de viajes y blogger. Actualmente busco una editorial que confíe en mi primera novela, El péndulo de hielo, la cual la puedes comprar en Amazon.

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lunes, 25 de julio de 2011

Clase rica, clase pobre: diferencias nucleares


Miremos donde miremos hay clases y clases. Nacemos sin elegir a cuál pertenecemos y, salvo contadas excepciones, vemos esparcidas nuestras cenizas en la misma ciénaga donde abrimos los ojos por primera vez. Unos mandan, otros tienen el poder; algunos reinan, otros vitorean como vasallos y los hay quienes determinan el valor de la vida humana. ¿Cuánto dinero cuesta?

No nos cansamos de repetir que no nos venderíamos por dinero pero ahí están los políticos, los jueces o los directores de los medios de comunicación para llevarnos la contraria. Hace poco leí en algún lugar de este universo paralelo llamado nube una pregunta infinita. La llamo así porque hallar su respuesta nos requeriría ese tiempo indefinido. Decía así: ¿cuándo deja un grano de arena en dejar de ser un grano y convertirse en un montón de arena?

El soborno actúa igual. Escondes la mano en el bolsillo de un traje lleno de remiendos y al ser ofrecido el primer euro niegas con la cabeza. Con el segundo euro te sientes halagado y al mostrarnos el tercero, en cambio, al levantar nuestra ceja evidenciamos enfado. Es un insulto, ¿acaso no valemos algo más? Cuando bailan los ceros sin estar detrás de una incómoda coma sino a la espalda de un punto es otro cantar. Pierdes la noción del valor de las cosas, de tu vida y la de los demás y acabas destapando el momento en el que el grano de arena se ha convertido en un desierto. Extiendes la mano y te vas.

En Japón se está viviendo otra realidad, la de una molesta ciudad que debería haber sido sepultada por el tsunami para evitar migrañas a las autoridades. El desastre nuclear en Fukushima va más allá de lo que hemos vivido hasta ahora y la respuesta civilizada del gobierno para con las víctimas es ejemplar. Muestra su indiferencia que, por lo visto, es todo el trato de favor que son capaces de dar. Come, reza, ama. Y jódete, faltaría añadir.

Al igual que todos somos insobornables, también es cierto que todos somos solidarios... hasta que la mierda nos salpica. A nadie le gusta bañarse en un mar de heces hediondas y el que diga que sí, el que lo afirme levantando su mano con las uñas recién cortadas, se estará mintiendo a sí mismo.

Nosotros vivimos aquí y ellos allá. Una putada, una gran cagada. Sentimos lástima por ellos y asco por quienes les dejan morir lentamente de incertidumbre radioactiva. No obstante, si tan solidarios nos hacemos llamar, ¿cambiaríamos nuestras casas por las suyas? No.

La mierda apesta y nadie la quiere consigo. Es más fácil tirar de la cadena.


Fotografía | Ecología Verde

martes, 19 de julio de 2011

Reírse con un cuento chino y de uno mismo


Si Charles Chaplin levantara la cabeza se le caería el bigote. El bombín no, esa extremidad se mantendría impune ante el asombro.

No conozco a nadie que lea sucesos. Son noticias que pululan por los periódicos, ahora por el ciberespacio, que ningún loco afirma ojear. Me pregunto entonces por qué se venden tantas revistas. Él también, aunque, en esa mueca de incredulidad, se esconde un lector más. La chascarrilla que no falte.

Lo absurdo vende tanto o más que el morbo y, si me apuráis, diría que incluso se sitúa a la altura de la violencia y el sexo. De lo contrario, mi artículo sobre los 365 trucos sexuales para desatar la pasión no sería el más leído. Extraño siendo éste el blog de un humilde escritor.

La unión de la muerte, un suceso, con un chiste, provoca risa, el doble de risa que un mal chiste. Hasta hace poco había en las carteleras una película argentina, Un cuento chino, cuyo personaje principal servía para criticar este tipo de humor. O para ensalzarlo, da lo mismo. Ese ferretero era interpretado por Ricardo Darín, uno de esos pelotudos con los que valdría la pena irse de copas aún estando en pijama. Él, el protagonista me refiero, coleccionaba anécdotas del periódico y las recortaba. Su vida era una mierda. Miento. Más bien él era un mierda solitario a la deriva. Era su forma de resarcirse.

Me gustaría hacerle un homenaje a ese miserable hombre, a Darín, que se pasa la vida contando los clavos de la mercancía para ver cómo le mienten y le roban por inercia, porque siempre se ha hecho así. Se trata de una historia que le encantaría tener entre sus recortes, a modo de trofeo: una mujer muere tras tener relaciones sexuales con un perro por ser alérgica.

¿Mala suerte? ¿Falta de previsión? ¿Un mal día? Pobre mujer, y vaya marrón para el tercero en discordia. Está claro que la zoofilia es un deporte de alto riesgo y, los chats, un universo en donde poder compartir todo tipo de intereses. Ya sabéis niños, absteneros de buscar información en la nube sobre animales para vuestro trabajo de ciencias naturales. No sabéis con qué mente libertina, desinhibida y tronera, os podéis encontrar.

Soltar una carcajada es bueno, muy bueno añadiría. Sin ir más lejos, ayer mismo acabé tronchándome como un fideo acordándome de una anécdota con otro animal de por medio. Un loro en este caso. Si os lo contara Hernán Casciari, esta entrada va de argentinos ilustres, haciendo él de mí y el Chiri de mi hermana, tendría aún más gracia. Como, de momento, mis fundamentos cómicos distan nueve cuadras de llegar a su altura, me limitaré a reír yo solo. En silencio, como mejor se disfruta.

Un tipo deja la informática para acabar escribiendo una novela y acaba autoeditándola. ¿De locos verdad? Tocará sonreír nuevamente aunque esta vez yo tendré el papel protagonista. Prefiero reír antes de llorar, ¡qué remedio!

Fotografía | Otro Misterio

jueves, 14 de julio de 2011

Siempre nos quedará Incubus para estar juntos


Los círculos no entienden de vértices. Los triángulos tampoco. No, al menos, los musicales.

Ojalá estuvierais aquí. Tres palabras, otro triángulo de intenciones tras traducir del inglés sus cinco monosílabos. Recuerdos que navegan cruzando un mar de nostalgia, de épocas pasadas, de encuentros que están por llegar. Un clavo ardiendo al que aferrarnos cuando algo merece ser compartido. Con tu gente, con la que has vivido buenos y malos momentos, con quienes has sentido que puedes contar cuando no atraviesas tu mejor racha.

De eso trata la vida. De caminar descalzo, sobre un alambre, con la incertidumbre de no conocer qué se esconde al otro lado.

Enciendes el reproductor con tentación, acoplas los auriculares a tu sien y ajustas el volumen hasta hacerlo cálido, tenue como la luz de la luna que aúlla de madrugada. Las melodías de una voz en off te guían cogiéndote de la mano, el golpe seco de la batería escapa de una guitarra que va a lo suyo en segundo plano y el bajo, tímido, apuntala con sus púas un instante mágico, efímero. 

Cierras los ojos. Estás ahí, de pie, con quien descubriste un nuevo mundo; y también con él, con quien compartiste todo de renacuajo, a quien no pudiste abrazar en su día más triste. Sonríes. Te fundes con ellos en uno solo. Sonreímos. La emoción levanta los pelos de una piel que tirita como una gallina, o como alguien que tiene frío, o como alguien que siente una punzada de melancolía cruzarse con otra de entusiasmo.

El concierto ha comenzado de nuevo. Mismo lugar, diferentes canciones, misma compañía. Saboreas los inesperados skratches sin dejar de masticarlos, haciéndote a la idea de que esta vez el fantasma ha llamado a tu puerta con ritmos más pausados.

No se echan de menos las estrofas conocidas porque no estás solo. Estás acompañado y no encuentras necesidad de gritarle al mundo aquello de ojalá estuvierais aquí. No hace falta gastar fuerzas, es mejor ahorrarlas para cuando haya que brindar por la vida. Juntos.

Abres los ojos. Ahora feliz, más feliz que antes. Sabes que, aunque tus acompañantes se hayan esfumado en tu vigilia, te los volverás a encontrar cuando las pestañas plieguen la persiana hasta el día de mañana. Gracias, gracias por hacerme sentir vivo, por la posibilidad de reencontrarme con ellos.

Si no es ahora, ¿cuándo?

lunes, 11 de julio de 2011

Osama Bin Laden: la marioneta invisible, parte 1


Ha pasado el suficiente tiempo como para poder hablar de esto. En realidad, la falta de él es la razón por la cual he ido atrasando este artículo doble sobre Osama Bin Laden.

Os invito a realizar un collage conmigo tirando de hemeroteca, juntado las piezas de puzles de diferentes periódicos y páginas webs respecto al malo malísimo del siglo XXI: el coco, el hombre del saco. El hombre de las cavernas, ¿o no? Eso es lo que yo había entendido. Se hablaba de que vivía en una gruta en algún rincón perdido de Afganistán. En realidad en varias, e iba saltando de una a otra como una cabra montesa del desierto. De todos es sabido las reglas del juego: de cueva a cueva y tiro porque me toca.

Si lo dice Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos de América, y tras sus palabras todos los medios de comunicación, habrá que creer que el hombre más buscado del mundo está muerto. Claro que, si echamos la mirada atrás, veremos que el líder de los talibanes ha tenido más vidas que un gato. 9 concretamente, tal y como podemos leer en el artículo de Tomás Costanzo para suite101.

¿No será, por un casual, que lleva muerto mucho tiempo verdad? Ojo, no lo afirmo, lo pregunto tras ver mil y un vídeos —siempre borrosos, de perfil o alejados— de él que te hacen cuestionar si es la misma persona.

La cruzada del mundo contra Osama nació tras el atentado del 11 de septiembre del 2001 que, a su vez, sirvió para iniciar una guerra contra Irak debido a la existencia de armas de destrucción masiva. Esas palabras se escucharon y leyeron durante años a bombo y platillo: armas de destrucción masiva, armas de destrucción masiva... ¿Resultado? Nadie encontró nada. Hace poco vi una película sobre este hecho, Green zone. Entretenida; para pasar el rato comiendo palomitas.

Cuando ya nadie se acordaba de este famoso señor de barbas una noticia sacudió los rotativos internacionales: el ejército americano había matado a Osama Bin Laden en Pakistán. Digo bien, matado, porque la misión era aniquilarlo (leer aquí y aquí). Después me río yo de los derechos humanos y de la justicia. Puedes asesinar a tu antojo y, depende quién seas, pasarás el resto de tu vida en la cárcel o serás condecorado. ¿Para eso estudian los letrados?

Más tarde vino el teatro, la avalancha indiscriminada de noticias. De todo tipo: sensacionalistas, rosas, amarillas, morbosas...

Lo extraño del caso fue averiguar el paradero supersecreto y superoculto del terrorista, una lujosa mansión del año 2005 valorada en un millón de dólares.

No hay mejor manera para pasar desapercibido. Lo mismo habría pensado la CIA y por eso tardó tanto en matarlo. Para asegurarse, entraron en la vivienda un total de 20 comandos sin el permiso de Pakistán. 40 minutos, 5 personas menos; hora del pintxo y la partida de mus.

En un primer momento los talibanes decían que su líder seguía vivo; los americanos que lo habían matado al verlo armado y que lo tenían en su poder tras haberle practicado las pertinentes pruebas de ADN (aquí). Si dudáis que lo pudieran corroborar tan rápidamente, os aconsejo leeros este artículo. No obstante, su hija difiere de esa versión afirmando que capturaron a su padre y lo ejecutaron. El dilema es creer o no a las fuentes oficiales, a la prensa y a la susodicha familiar, porque hablar hablan todos aportando muchos datos sin después probarlos.

Sin ir más lejos, ¿dónde está el cuerpo de Osama Bin Laden?

Osama Bin Laden: la marioneta invisible, parte 2

Fotografía | Cachapla

 
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