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Soy un joven escritor navarro, editor de viajes y blogger. Actualmente busco una editorial que confíe en mi primera novela, El péndulo de hielo, la cual la puedes comprar en Amazon.

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martes, 26 de abril de 2011

El poema de la manzana


Anoche era una noche de palomitas, buena compañía y una de esas películas que aburren a la inmensa mayoría de esta sociedad hiperactiva, una de esas películas que tanto me gustan, la coreana Poesía. Fui cómplice de verdades como puños durante casi dos horas y media, el tiempo que transcurre entre dos partidos de bádminton en el que se intercambia a uno de sus jugadores: por ignorancia, por pragmatismo, como medida doctrinaria, como el camino a una muerte anunciada. De madre a hija, de abuela a nieto.

El cine asiático no es apto para todos los estómagos, sobre todo aquél en el que la violencia no se manifiesta como el narrador de la acción.

Cualquier creación literaria debe ser forjada por medio de ir tomando notas, a través de observar con detenimiento lo que las mil primeras veces hemos pasado por alto. Sin poderlo evitar –tendemos a hacerlo la gente de mi calaña, o eso quiero creer– me sentí identificado y también caricaturizado; por una manzana, ¡por una triste manzana!

En el noble arte de la pintura, al intentar plasmar la figura de esta pieza de fruta singular en un bodegón, seguimos sin prestarle la más mínima atención. Modelamos las sombras de otros objetos tiñendo de negro su figura exterior y, sin embargo, continuamos sin ver lo que tenemos delante nuestra. Hablo desde el desconocimiento, pues no he nacido pintor ni tendré la fortuna de morir siendo pintor, hablo desde el conocimiento de que para llenar de lírica un papel en blanco no nos sirve con mirar. Hace falta algo más que un buen corazón y un par de ojos. Destreza: sí, también, por supuesto; mirada crítica, atención y paciencia: por descontado.

En el caso de querer trasladar esta manzana a la ficticia realidad, debemos olerla, para ser capaces de comparar su fragancia; debemos desnudarla con la navaja, para dejar de imaginarnos sus vergüenzas; estamos obligados a morder su cuerpo, para saber a ciencia cierta a qué sabe el pecado; debemos de llegar a su corazón, para poder así enterrar a sus negras lágrimas en un fértil ataúd. Nadie dice que sea fácil, tampoco tiene porqué serlo.

Disfrútese con su desquiciante dificultad. He ahí donde reside su gracia.


Fotografía | go-mag

viernes, 22 de abril de 2011

Tropezando en el vacío del ayer y de hoy


Un cabello olvidado aguarda, encorvado, a ser descubierto por una mano que busca su raíz para atusar una cabeza que sus dedos, llenos de añoranza, no encuentran. Rebuscan en la oscuridad unos labios ausentes, la exhalación de unos labios ausentes, también presentes, tatuados sobre la almohada de rojo, del rojo apagado de su nostálgico carmín.

Tu cuerpo gira sobre sí mismo, sobre el espacio libre que con su presencia reservado estaba; por otro cuerpo, ajeno al tuyo, plegado sobre tu pecho acompasado. El vacío se llena de rocío al alba, también en su ocaso, al son de un sol reacio, rebelde, adormilado en el aposento de su palacio.

Los pies buscan compañía, la suya, la de unas piernas, las suyas, de piel suave que agita por inercia desprendiendo el frío que tú anhelas rozar en los últimos coletazos de tu difunto desvelo. A su encuentro, hallas una respuesta convexa escrita sobre unas ancianas sábanas, pálidas, repletas de arrugas, entonando el silencio roto en casos como éste, por una garganta sin voz, seca de lágrimas, conocedora por fin de la realidad que la golpea en soledad.

El espejo ya sólo te proyecta a ti, eliminando de su marco a otra persona que, detrás tuya, apoyaba en el pasado su barbilla sobre tu hombro desabrigado, huésped de la escarcha agitada que tras la ducha resbalaba por tu libertina espalda. Te miras sin querer verte, sin querer oírte, queriendo ocultar la verdad distorsionándola con la palma de tu mano, cruzándole la cara a un retrato abstracto que te observa colgado de una pared de frías, lejanas, desconocidas baldosas. Tomas la pasta de dientes y al sostener tu cepillo raído contemplas la falta de su mellizo, el nuevo, el limpio, el de color rosa que ahora habita en otra estancia, quién sabe si junto a una nueva alma gemela.

Vuelta a la cama, al encuentro de los sudores fríos, a las largas noches de paseos por tu manzana, la de las cuatro esquinas de tu somier. Cierras los ojos. Quizás, al abrirlos, tengas de vuelta a sus ojos sosteniendo tu mirada, abrazando tu sonrisa.

Te extraño vida mía.

Fotografía | The Butterfly Soul

martes, 19 de abril de 2011

El lado oscuro de la propiedad intelectual


La propiedad intelectual no hace más que generar armas de desinformación masiva bañando los medios de comunicación con tinta descolorida. Se habla mucho de las leyes contra la piratería, vertiendo pestes contra las personas que no sólo critican el cierre de páginas web sin previo aviso, sino que ponen en duda el modelo de negocio; desfasado, monopolista, incoherente. Es ahí donde los poderosos se sienten a gusto, en un trono repleto de obras que no están dispuestos a compartir.

Todavía hay personas que no saben el significado de Copyright, todavía no conocen el modelo en el que unos pocos lo controlan todo y donde los hijos de los hijos de un artista pueden lucrarse a costa suya sin mover un dedo en toda su vida. Si existen problemas para codearse con el significado de Copyright, más complicado se antoja entender el trasfondo del Copyleft y el de Creative Commons. Dado que vivimos en una época donde nos gusta comparar, Barça-Madrid, donde nos gusta relacionar, izquierda-derecha, allá va mi símil, mi parentesco falaz.

Es temprano, se acerca el buen tiempo, el sol busca su camino a la costa y desea bañar las bahías con luminosos destellos de luz. Un niño juega en la arena, próximo a la orilla del mar y ajeno al bullicio ambiental, ensimismado con un rastrillo de plástico que con la colaboración de un cubo de agua crea el puente levadizo que protegerá su castillo. Pasan las horas y el sudor empaña su misión, del mismo modo las mareas comienzan a acorralar una fortificación que creía segura. Le quema la piel, los inofensivos granos de arena abrasan ahora los dedos y las plantas de sus pies y no sabe qué hacer. A una decena de metros descansa la sombra; dormido a la bartola pernocta el lado oscuro. Cruzar la frontera supone perder su obra y en su afán por impedir que el agua entre a los aposentos del palacio, erige más y mayores muros de contención. El resultado no se hace esperar, la naturaleza cobra su peaje.

Entiendo que muchas de las personas que puedan leer este texto tendrán muchas dudas acerca de las palabras Copyleft y Creative Commons. Como sé de buena tinta que no podría realizar un documento tan detallado como los ya existentes, os aconsejo encarecidamente leeros en su totalidad un artículo de actualidad, que dicho sea de paso rima con rigurosidad, del blog de informática para los que no saben informática blogoff, cuyo título es Maldito Alejandro Sanz. Un texto lleno de verdades, dolorosas para algunos autores creyentes, que explica los beneficios de otro modelo de negocio viable y competente. En primera persona, a través de una vivencia personal, lejos de un despacho, como mejor se aprenden las cosas.

Porque yo no pido vivir del cuento, porque yo no quiero que mis nietos se enriquezcan a costa de unos escritos que su abuelo quiso compartir con quien quisiera leerlos y porque no deseo esperar 70 años a que una persona que viva en el fin del mundo pueda acceder a mis obras, os dejo con el documental de distribución gratuita, con licencia Creative Commons, ¡Copiad malditos!

Bienvenidos al lado oscuro.



Fotografía | Ebierzo

jueves, 14 de abril de 2011

El abrazo que le debo al Dios Dorado


Piensas conocer a las personas que te rodean y no te das cuenta de que lo que ves es sólo la punta del iceberg. Observas un destello de luz, una mueca pausada de una vida desconocida. Contra más tiempo hayas compartido con esa persona menor será ese cascote y mayor sus gélidos cimientos. Mi péndulo de hielo habita en las profundidades del glaciar, en el mismo bloque de agua helada donde habita el Dios Dorado.

Creía conocerlo desde esa distancia insalvable con la que el paso de los años te separa de un amigo que irónicamente no has terminado de conocer jamás. Son varios los motivos los que te llevan a mirar la fachada y quedarte con una imagen de antaño, la fotografía de un niño como tú que tras el pitido final se convertía en un extraño, de igual manera hacías tú lo propio hasta distorsionar tu figura en materia difusa. Las casualidades, buscadas o no, aparecen delante de tus ojos en un carrete de película de 8 milímetros y los recuerdos que te produce su visionado hace que te acerques como nunca a esa persona desconocida, hasta el punto de tocarla con los dedos y fundirte en un abrazo sincero.

Tomamos caminos diferentes sin preocuparnos por atajos, bifurcaciones o callejones sin salida. Siempre ha sido así, fueran individuos terrenales o dioses de perilla rubia y mirada glacial como la tuya. Existe un destino incierto al final del pasillo: sarcástico, irrisorio, paciente, de grandes curvas y pequeñas rectas que nos hacen resbalar ladera abajo al patinar con una piedra húmeda, la misma roca que nos recordará en el futuro que tras una caída hay que levantarse y seguir adelante. No queda otra, de nada sirve llorar ni lamentarse y es la llama que alienta el espíritu de un cuerpo que no siempre puede estar en el lugar que él quisiera, en el paisaje que le corresponde.

Habrá un día en el que tú caminarás por donde mis pasos han abierto un sendero hacia los confines del mundo, hacia el interior de mi persona. Habrá un día en el que yo caminaré por donde tus pasos han abierto una brecha en la atalaya de los confines de la Tierra, en donde estoy seguro aprendiste más sobre ti que en toda tu vida. Allá, en la soledad de la lejana Ushuaia bajo la exigente lluvia, cómplice de vientos polares, te diste cuenta de que los límites físicos no son un escollo cuando al final del trayecto obtienes la recompensa.

Miro al pasado y te veo a ti. ¡Oh, Dios Dorado! En el horizonte, bostezando en un cielo azul que se cubría con un manto estrellado antes de soñar con un nuevo amanecer. Enfoco el futuro y te vuelvo a ver. ¡Oh, Dios Dorado! Enfrente mía, con una sonrisa tan marcada como la resaca de la espuma de tu cerveza al contraluz de una jarra que golpea a la mía. A mi lado, en un nuevo viaje inhóspito con el que por fin podamos conocernos. Conocernos de verdad.

Fotografía | Dittmaradventures

lunes, 11 de abril de 2011

Entrevista al escritor Xabier Villanueva, Vivir en Barañain

Con motivo de la publicación de la que será mi primera novela, El péndulo de hielo, os presento una nueva entrevista, en este caso a cargo de la revista Vivir en Barañain. Espero que os guste y ya sabéis que responderé gustosamente a todas vuestras preguntas. Os pediría el favor de compartir el enlace en las redes sociales, es la única manera de hacer realidad la ficción en papel.

Recordad, al llegar a 150 seguidores en la página de Facebook, subiré el primer capítulo gratuitamente a la red.

Si quieres descargar la entrevista, publicarla en tu página web o echar un vistazo a mis otras publicaciones, puedes dirigirte a esta página.

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domingo, 10 de abril de 2011

La dignidad del menú del día de Le Chalet Espagnol


La vida te va enseñando lecciones que ningún libro de texto se atrevería a plasmar en tu retina. De ti, de alguien que lo único que pide es sinceridad y respeto, se espera mucho. Debes mostrarte educado, demostrar ser trabajador —por la cuenta que te trae— y sonreír como si la vida te fuera en ello. De ellos, por el contrario, no se puede pedir nada a cambio, hemos llegado al punto de tener que tomarlo todo a guasa.

Cuando dejas un país y acabas en otro las cosas cambian, las reglas del juego varían. Piensas, sinceramente lo crees así, que las costumbres pueden ser diferentes. Sin embargo, son meras ilusiones, agua de borrajas para una mente que echa a volar con suma facilidad, como un ave migratoria despistada, perdida y despistada, incapaz de entender la postura del que gobierna el barco; el restaurante Le chalet Espagnol en este caso en particular, en otros cualquier departamento de recursos humanos regido por un empresario sin remordimientos, lo que hace, paradójicamente, que sus propios empleados también carezcan de ellos: de remordimientos; de ella: de conciencia.

La vida del currante, la búsqueda de trabajo para ganarse la vida, es estimulante. Llena de baches, repleta de bifurcaciones, es la carretera que une caminos angostos repletos de piedras en el camino. En Bruselas encontramos las de dos soles, las de una inicial, la S, compartida por un matrimonio; los nombres de dos piedras como otros cualquiera, dos nombres, hijos de emigrantes gallegos, que reflejan la España de la que escapé, la España de la que no queda claro si merece la pena volver.

Vivimos en tiempos oscuros bajo bosques frondosos, en la orilla del "ya te llamaré", escuchando el agua de una corriente que, de benévola, tiene lo que el artículo de complaciente. Vivimos en tiempos donde escasean mejillas, en una época donde se ha inculcado la cultura de mostrar nuestra mejilla derecha para ser abofeteada y enseñar la otra mejilla como desaprobación, para que nos la vuelvan a partir con una sonora carcajada.


Al parecer el chiste les hace gracia. Un chiste, que por cierto, tiene la misma amnistía que el más risueño de los chistes: El robobo de la jojoya; la misma gracia que trabajar durante 9 horas en horario partido por eso de "hacerte una prueba"; la misma puta gracia que unas palabras que resuenan en tu cabeza, las de "ya te llamaré", cuando los dueños te miran a los ojos, cuando te mienten porque dan por hecho que tienen que hacerlo, porque ellos son los que ofrecen trabajo y se creen mejores que tú.

Señores, lo único que pide un servidor, al igual que la inmensa mayoría de los mortales y probablemente vuestros hijos en el futuro, es una respuesta. No espero ser contratado, no espero un favor ni tampoco busco vuestra beneficencia. Exijo honestidad, cuando el chef da por hecho que me verá a la semana siguiente porque le parezco válido y es el único que entiende el significado de sinceridad (no porque yo valga como chef, porque no estoy preparado, pero sí como ayudante); demando franqueza, cuando os digo a la cara que me gustaría intentar compaginar el trabajo con la escritura. En última instancia lo único que obtengo es un silencio que, como en el amor, duele más que una negativa. Porque, no hay nada más ruin que la indiferencia, una indiferencia que cuesta 9 horas de tu vida entre los fogones de burlas de un menú del día que tristemente se ha convertido en la realidad de España.

Esto es lo que encontramos en Le chalet Espagnol: cogollos de tudela con anchoas indecorosas de entrante, costillas asadas de la tierra del pitorreo de segundo y, para finalizar, una tarta de Santiago espolvoreada con cinismo. Un menú del día que, después de la carnavalada, me di cuenta que me costó la chirigota de una llamada telefónica que hubiera sido mejor ahorrármela.

viernes, 1 de abril de 2011

La sonrisa triste de alguien feliz


Los sentimientos se escapan de las entrañas a través de gestos en nuestro rostro y el de la felicidad sale a flote con una amplia sonrisa. No obstante, no siempre es así. Existen momentos, lugares, situaciones, en los que una sonrisa también nos habla desde la tristeza, desde la incertidumbre, desde la falta de herramientas para un mundo mejor que no conoces y que probablemente no conocerás. Y por increíble que nos parezca, esa expresión puede llegar a mostrarnos bienestar cuando en nuestro caso sólo hallaríamos pesadumbre.

Una sonrisa puede hacer las veces de una mirada etrusca y una sonrisa también puede exigir cobijo para intentar desparasitarse de la vida que no tiene. Tú, que lo tienes todo en una vida de ensueño pese a que no paras de quejarte, le conoces a él; él, que vive mendigando de los turistas porque busca que alguno de ellos lo adopte y le descubra el mundo más allá de sus fronteras indígenas, te conoce a ti.

No hablas, no escuchas, no oyes y tampoco entiendes. No hay nada que comprender. Unos nacen a un lado del charco, otros al otro lado y el resto en medio de él. ¿Suficientes complicaciones para relacionarnos? No lo creo. Podemos erigir puentes, estrechar lazos. Podríamos pensar en ayudarles ofreciendo dinero, una limosna que nos curara de nuestro egocentrismo. Intuyo que se puede hacer algo mejor.

Andamos, caminamos, corremos, siempre corremos. Estamos en constante movimiento, pensando en el mañana, olvidándonos del presente. Cruzamos miradas y conversaciones todos los días, efímeras, insustanciales; porque no tenemos tiempo, porque de pararnos y sentarnos en un árbol, no llegaríamos a tiempo a la siguiente mirada, a la siguiente conversación. Miramos el reloj, se nos hace tarde, volvemos a mirar nuestra muñeca para cerciorarnos de que se nos agota el tiempo. Decimos adiós sin llegar a saludar, saludamos sin preocuparnos de despedirnos. Así somos, meras agujas que vamos dando brincos por los pasos de cebra hasta recostarnos en un asiento calefactable para escupir humo de CO2, como si nadie fuera cristiano, como si tuviéramos que recordarlo con una fumata negra siguiéndonos los pasos.

A veces es más fácil que todo eso; no exige conocimientos, tampoco trabajo, ni tan siquiera dinero. En un mundo tan corrupto, donde los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más vulnerables, únicamente se requiere afecto. La soledad la conocen los que más tienen, las personas que se bañan en cheques en blanco, las que ven cómo se arremolina gente extraña a su alrededor. Todo el mundo les hace reverencias, les ofrece la amistad como si fueran prostitutas de burdel: por dinero, siempre en pro de un beneficio. Lo cierto es que, de esa manera es imposible conocer el amor.

Basta un apretón de manos, un abrazo que parta desde el corazón y no desde el interés. Basta con volver a ser primitivos, donde lo material era un bien escaso e irreverente, donde hablar o no hablar un mismo idioma carecía de importancia.

Una sonrisa, es lo único que hace falta.

 
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