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Soy un joven escritor navarro, editor de viajes y blogger. Actualmente busco una editorial que confíe en mi primera novela, El péndulo de hielo, la cual la puedes comprar en Amazon.

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domingo, 27 de marzo de 2011

Shakespeare y la selección natural



Son, éstos, malos tiempos para la lírica.

El entretenimiento ha cambiado, la manera de hacerlo también. Hace unos años bastaba con bajar de casa e ir al videoclub de la esquina mientras hacíamos palomitas en la sartén, eso sí, con tiempo suficiente para perderte en los largos pasillos de estanterías repletas de cintas VHS. Incluso, los que querían pajearse —a mí me pilló joven, hasta la llegada de los automáticos la fila X se podía mirar pero no tocar— tenían su rincón reservado en el establecimiento, en el que podían alquilar marisco fresco y conejo al ajillo.

Leo hoy una noticia shakespeariana en el periódico: los videoclubs cierran, los piratas ondean su bandera. Estoy de acuerdo, a los románticos como yo el paso de los años nos sienta fatal. Somos un rara avis, avocados a la extinción a causa de la selección natural.

Es gracioso, triste en este caso. Hace unas semanas recibí una visita a casa de dos amigos —dos románticos— que preferían acercarse a Potemkin en busca de películas alternativas antes que bucear por la red. Hoy me entero de que su acorazado ha sido destruido, dañado de forma irreversible. Descanse en paz camarada.

Enseguida salen las voces de los últimos supervivientes, con su única esperanza clavada en la Ley Sinde. Siento comunicarles que no, que es mejor que vayan mirando el problema de frente y no a través de sueños del pasado. Los coches desplazaron a los carruajes, las vitrocerámicas a las cocinas de leña, los Cds a los cassettes, el petróleo al carbón y la electricidad hará lo propio con el petróleo. Los videoclubs mueren —como tantos otros oficios— pero no echemos la culpa a la piratería, ella únicamente es una invitada en un bar de copas regentado por la peor calaña. Aunque no siempre es bienvenido, el progreso, la tecnología, es el don juan de la selección natural. Él es un político, un banquero más al que poco le importa el amor.

El modelo de negocio cambia constantemente y aunque dentro de unos años lloremos cuando las librerías no tengan papel que ofrecer, deberemos aceptarlo. Es ley de vida.


fotografía: diariodenavarra  

jueves, 24 de marzo de 2011

Domingos de fútbol: ganchitos, cerveza y política


No es lo mismo andar perdido que vivir perdido; no es lo mismo perderte en el caos de la gran ciudad que vivir abandonado, abrazado a tu tristeza, sin que seas capaz porque no quieres o no puedes de esquivarla con un quiebro de cintura.

El otro día vi la película Anita y me dio qué pensar, me sugirió más cosas que si me hubiera quedado mirando a las musarañas un domingo por la tarde, qué decir de si me hubiera sentado en el sofá para ver el fútbol con ganchitos y cerveza. Bueno, los ganchitos y la cerveza pase, el fútbol, el de los domingos a las 5 de la tarde, ni jarto de vino, ¡no hay quien se lo trague! No estamos hablando de una obra de la envergadura ni falta que le hace de las de Aristarain, Sorín, Campanella ni Pyñeiro, pero sí de ese sello argentino tan característico y tan cercano, tan bondadoso y tan amable.

El ser humano tiene muchos problemas, desde unos tan básicos como encontrar cobijo para pasar la noche, a unos más complejos como pueda serlo el darle sentido a la mera existencia o aquél que rezan las misses en su reinado artificial. Porque, ¿cuándo se darán cuenta de que un certamen de belleza las deshonra como mujeres, como mera mercancía directa al charcutero, y las honra como defensoras del machismo que nos intentan vender como que aborrecen?

Los primeros, los dilemas elementales, se solucionan de forma directa. En este grupo encontraríamos a las personas que se pierden en las marañas de nombres, calles, plazas y más nombres. Son individuos que, por razones desconocidas para ellos, se ven envueltos en un remolino de esquinas, paredes y aceras que parecen repetirse caminen a donde caminen. Su salvación puede lograrse con un mapa que rompa su desorientación junto con un poco de ayuda externa, puede que proveniente de los del segundo grupo.

Resulta enigmático, humillante desde el punto de vista de quien auxilia, poder solucionar los problemas de alguien que se ha perdido cuando esa persona se encuentra igual de extraviada, con la salvedad de que ninguna brújula es capaz de encarrilar el tren que descarriló hace tiempo. Por lo general son sujetos cobardes, abandonados a una suerte que no llega porque no se atreven a llamar a la puerta. Quizás el ejemplo más claro, salvando las distancias, sea el de los políticos; y digo salvando las distancias porque, a pesar de su cobardía y de necesitar una brújula aún sin saber usarla para guiarse, no son capaces de ayudar a la gente con los problemas elementales; más bien los amplifican, haciendo exactamente lo que prohíben al resto y abriendo el bolsillo por lo que pueda caer del cielo. La magia existe y así nos la venden.

Al parecer, el otro arquetipo de los primeros, de los que se pierden, lo encontramos a día de hoy en el Tribunal Supremo. Legalizar, ser valientes, o ilegalizar, abrir la cartera a cambio de su voto; dar un paso definitivo a la paz, legalizar, o cerrar la boca en las urnas, ilegalizar.

Se ha llegado a un punto en el que la clase política defiende el uso de la pistola para ocultar su miedo a la decisión de las personas en las elecciones. Porque, ya se sabe, si no puedes con tu enemigo, únete a él. 


fotografía: bachaman

lunes, 21 de marzo de 2011

Los secretos también merecen nuestro respeto


Silencio. Apagar vuestros susurros hasta hacerlos invisibles.

¡Shhhh! Silencio. Os voy a contar una confidencia, mantened la compostura que cosa vuestros labios como lo haría una aguja con la ayuda de un hilo de sensatez.

Si piensas que lo peor que te ha pasado es vivir en soledad te equivocas. Eso es mentira, una gran mentira adosada a tu cerebro atiborrado con pastillas de engaño. El bueno de Anthony Perkins lo pensó con anterioridad, aunque puede que la que lo pensara fuera su atormentada madre. El propio Clark Kent tuvo su crisis al vivir, desde la distancia y los celos, el idilio que mantenía Superman con Lois Lane sin que él pudiera hacer nada al respecto. ¿Acaso no es graciosa la vida? ¿Acaso el dolor no es el más audaz de los comediantes? 

La verdadera condena de un secreto es morir en soledad porque, para él, no hay mayor castigo que envejecer sin que ningún oído sea testigo mudo de su mensaje cifrado. Desde nuestra posición vemos muy sencillo, muy humano, humillar a los secretos obligándolos a emigrar a la oscuridad. Los esposamos a los barrotes de una lúgubre celda e incluso nos olvidamos que ellos también merecen respeto, el trato humano con el que deberíamos tratarlos por su lealtad. No debemos olvidar, no podemos olvidar. Ellos nos brindan fidelidad eterna y ¿qué es lo que les damos a cambio? Nada.

No quiero que mi novela corra la misma suerte, me corto las venas si el único consuelo de El péndulo de hielo es acompañar su silencio con el secreto de sus ojos. Vean la obra maestra de Campanella y juzguen ustedes.

¿Merece mi novela un destierro semejante?


Fotografía: ojoalparche

jueves, 10 de marzo de 2011

El péndulo de hielo - una novela de Xabier Villanueva Amadoz


Por fin ha llegado el día, ¿el día de qué? De todo y de nada a la vez. Después de varios meses oculta en la caverna de mi mente sale a la luz el nombre de mi primera novela. Es un primer paso, quizás uno de los más importantes. Por fin tiene rostro: enigmático, ambiguo, llamativo. Para mí es un placer presentaros en sociedad El péndulo de hielo

Apenas falta un mes para comenzar a darle vida y poder obsequiaros con el primer capítulo. El libro todavía está inacabado a expensas de ser pulido como se merece por este artesano de las palabras. Mientras tanto seguiré trabajando, para mí y también para ti, querid@ lector@.

La elección de la fecha para sacar del anonimato a la novela no es aleatoria. Es premeditada y a conciencia. Un día como hoy, un 10 de Marzo, me embarqué camino a lo desconocido. Exactamente hace un año. Huí hacia Nueva Zelanda con la esperanza de conocerme más a mí mismo y así fue. Estaros atent@s porque este país está muy presente en el libro. Espero que éste sea el comienzo de un largo camino juntos. Al final vosotr@s tendréis la última palabra pues, sin vuestra ayuda, si no me ayudáis en darme a conocer, moriré en el intento, como tantos otros.

No os preocupéis, pase lo que pase seguiré escribiendo, me consideraré escritor mientras escriba. Si eso acaba, seré un impostor más en este mundo de mentirosos.

Más información en
El péndulo de hielo

martes, 8 de marzo de 2011

Teaser de la novela - Fragmento 9



Había mandado accionar el gramófono con una de las piezas que más le entusiasmaba, el Canon y Giga en re mayor para tres violines y bajo continuo. Las llamas del fuego de la chimenea se movían al son de los instrumentos de cuerda, compenetrados en todas las texturas del intenso naranja de las llamas. Los malos pensamientos, el estrés, la envidia, la soberbia, el poder y su flaqueza eran espantados cuando el primer violín ejecutaba la primera variación, siempre acompañado del bajo y sus dos compases continuos. Antes de que iniciara su segunda variación y que, por ente, empezara el segundo de los violines la primera variación, degustó el whisky con un sigiloso sorbo.



lunes, 7 de marzo de 2011

La enfermedad rutinaria de la realidad



All work and no play makes Xabi a dull boy.

All work and no play makes Xabi a dull boy.

All work and no play makes Xabi a dull boy.

All work and no play makes Xabi a dull boy.

All work and no play makes Xabi a dull boy.

All work and no play makes Xabi a dull boy.

All work and no play makes Xabi a dull boy.
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No jugar y trabajar todo el tiempo hacen de Xabi un chico aburrido.

domingo, 6 de marzo de 2011

La alimentación de un escritor


La alimentación es uno de los elementos más importantes en la vida de cualquier persona. Según su variedad, estamos de mejor o peor humor; según su calidad, nos encontramos más fuertes o más débiles; según su composición, su ingesta se antoja más placentera o la convierte en un trámite burocrático de mal gusto.

En el caso de un escritor, los alimentos cobran un mayor protagonismo. Según su variedad, él está de mejor o peor humor; según su calidad, se encuentra más fuerte o más débil; según su composición, su ingesta se antoja más placentera o la convierte en un trámite burocrático de mal gusto.

Bien pueden parecer razonamientos calcados, clonados y copiados; nada más lejos de la realidad. El escritor se alimenta, se nutre, se ceba, se agasaja, se atiborra de estados de ánimo, de la estabilidad en un cerebro que no cesa de girar  sobrepasando las revoluciones por minuto que aconseja el fabricante. Su mente, la periódica revisión de su mente, está por encima de todo, incluso de su técnica narrativa. No basta con ser bueno ni mediocre, ni siquiera basta con ser famoso o pernoctar bajo las moldeables paredes de cartón al (no)calor de un cubilete con alguna revista del corazón ardiendo, sin un bidón de gasolina de Larsson para bañarnos en una bañera llena de dólares.

Una cara extraña en un cuerpo extraño, que se acerca, difuminada, borrosa, tirando de una maleta llena de anécdotas e ilusiones. Así es como se mantiene vivo un escritor: disfrutando de las pequeñas cosas.

Volver a ver una cara conocida en un cuerpo conocido. Volver a sentir su abrazo y la algarabía de su interminable sonrisa. Volver a compartir su interior, el interior del escritor, con alguien real, con alguien ajeno a los personajes imaginarios de una novela que, por mucho tiempo que habiten en su cabeza, intuye que nunca los podrá abrazar, que nunca les podrá dar una palmada en la espalda ni estrecharlos con un fuerte apretón de manos.

Así es un escritor: tan diferente a ti, tan igual a ti, porque un sueño no se alimenta con aire, ni aunque pudieras llenar el aire vacío.


fotografía: viajandoandamos

viernes, 4 de marzo de 2011

Indefenso en la oscuridad de las pesadillas


Los sueños, los malos sueños, aquéllos que viajan con el pasaporte falsificado y esperan a la vuelta de la esquina, llenos de sudor, a tu despertar, siempre se salen con la suya. Te hacen pensar, te hacen sentir, te muestran el dolor en carne viva y se ríen, sarcásticamente, mirándote directamente a los ojos. Tú los abres, pues por norma general los tenemos cerrados mientras dormimos, como si tuviéramos miedo a soñar despiertos, y recibes un puñetazo directo a la cara, un puñetazo de realidad que te despierta de corrida.

De los sueños apenas nos acordamos, de las pesadillas, en cambio, no hay manera de esquivarlas. Vas al baño y al mirarte en el espejo tras empaparte la cara con agua, ahí están; hola, te dicen. Abres el frigorífico para verter algo de leche a los cereales y ahí están; buenos días, te saludan. Abres el cajón de la ropa interior con recelo, con temor a entablar una conversación de cobardía y es real, por mucho que te frotes los ojos es real, son reales. Las pesadillas vuelven a hablarte; qué tal has dormido hoy, te preguntan.

No escapas a las suposiciones, ellas te engatusan con sus cantos de sirena y te susurran al oído infinidad de causas, de motivos por los cuales te ha sido imposible subsanar la desgracia en el mundo de tu imaginación. Disponen de buenos argumentos, tú te los crees, después los tiras a la papelera porque no terminas de aceptarlos y para potenciar tu pánico, vuelven a aparecer, disfrazados, en los posos de un café negro, como negro es tu ojo después del puñetazo. Buscas ayuda a tu alrededor: con tus pupilas, con tu boca muda, con tus inmovilizadas piernas, apoyado en la delgada pared, transparante, que te separa del llanto, del sollozo de un ser indefenso ante el ataque del subconsciente.

En el trabajo las ojeras te delatan. Te señalan a punta de pistola, te toman como rehén y te persiguen hasta la hora del almuerzo. La gente te pregunta, si te pasa algo, te pregunta. Tú los ignoras, evitas el contacto visual para huir de un pensamiento que te ha rondado la cabeza durante toda la mañana. Te excusas, no me pasa nada, les respondes; al viento les respondes, al aire vacío que de vacío no tiene nada, a una sala llena de compañeros que no comprenden ni desean compartir tu carga.

Vuelves a tu silla. Es hora de trabajar, es hora de despertar.  

martes, 1 de marzo de 2011

Título de la novela de Xabier Villanueva Amadoz



Empieza la cuenta atrás. La incógnita será desvelada el 10 de Marzo de 2011.

 
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