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Soy un joven escritor navarro, editor de viajes y blogger. Actualmente busco una editorial que confíe en mi primera novela, El péndulo de hielo, la cual la puedes comprar en Amazon.

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lunes, 29 de noviembre de 2010

Sopa de letras - Personajes masculinos



Volvemos a poneros a prueba con otro acertijo. Si en su día os propuse participar en el juego del ahorcado, que por cierto, a día de hoy sigue sin resolverse, ahora os invito a conocer los personajes masculinos de la novela. Para que no os llevéis ningún chasco os aviso de antemano, hay cabida para los apodos.

7 son los que están pero no están todos los que son. Tú ocúpate de encontrar a los 7 magníficos, yo me encargaré de resaltarlos.


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Solución
Se ha encontrado el primer personaje: Miguel.
Otro más: General.
Y otro: Alfredo.
Cada vez faltan menos: José.
Un nuevo personaje: Ringo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

La absurda vida de un pelo cualquiera



¿Alguna vez te has preguntado cuál es el propósito de tu existencia?

Sales al ruedo sin más protección que los alientos de tus camaradas, que no es poco, con la osada tarea de trabajar las 24 horas del día; sin descanso y sin tener el manual de instrucciones. Te dicen que naces con el nada desdeñable objetivo de proteger a otros desde tu nacimiento y que deberás ser fiel hasta tu muerte, sea de forma natural o a tijeretazo limpio.

Cumples con tu trabajo lo mejor que sabes, puedes o te dejan, para ver cómo al final de mes tienes que ir preparando las maletas rumbo a un lugar alejado de la vida social. Partes, sin saberlo, a un estercolero de iguales a ti, formando cola hasta nuevo aviso; si lo hay. Si se acuerdan de ti. Con el paso del tiempo, únicamente los más fuertes sobreviven. Ya se sabe, sólo puede quedar uno. El resto caen al ritmo de las hojas en los malhumorados otoños, partícipes de la desbandada de los romances de verano. ¿Alguien se acuerda de ellos al abrir el regalo de Navidad con un suéter adentro, de punto de cruz, bordado de tu abuela? Los que se olvidaron los calzoncillos de la suerte en el piso de sus medias mandarinas tal vez.   

Después de abrirte camino en el oficio, te enteras de que, al parecer, hay otros como tú desempeñando las mismas labores pero en otras demarcaciones. Por lo visto, algunos son más necesarios que otros; más estéticos, más morenos, pelirrojos o rubios que tú. Con el rabo entre las piernas, debes morderte la lengua sin levantar sospechas de que no estás conforme con el baremo que se te aplica. Tú mereces algo más. Por desgracia para ti, el axioma que pensabas que exclusivamente habitaba en tu cerebro, llega a oídos de tus superiores. No hace falta tener mucha imaginación para saber qué es lo que viene a continuación. Tu decapitación, exaltación de tu rocambolesca imaginación. 

Llegados a este punto de pesimismo, salimos de patrulla a la caza de soluciones drásticas. Atando cabos, nos ponemos en contacto con otros que se encuentran en tu misma situación. Para cuando te quieres dar cuenta, plantas cara a la patronal con una cooperativa compuesta por enfurecidos individuos. Entonces es cuando te das cuenta de que has perdido la vergüenza, la razón o tu orgullo, y prestas tus servicios a un nuevo proyecto, ambicioso a más no poder. Ahora, ya es oficial, eres miembro de un peluquín. La pregunta es, ¿acabarás ocultando las carencias del portador?

Si no quieres arrepentirte de tu decisión, sirviendo de criadero de pulgas para un chucho sarnoso, será mejor que te asesores debidamente. Avisado estás.


Imagen: animalesmascotas.com

martes, 23 de noviembre de 2010

La contagiosa soledad de la sección de congelados



Cada minuto existen injusticias. Actúan en silencio en el metro, en el Congreso de los Diputados, en la tasca de la esquina, en el último minuto del partido en el que el equipo de toda tu vida se enfrenta al primer clasificado, en la cárcel, así como en la guardería llena a rebosar de ángeles endemoniados. Nombraría otros muchos lugares, épocas e incluso apuntaría explícitamente a alguien en concreto. No obstante, ¿de qué serviría? Podríamos hacer algo, no hacer nada o patalear; la más extendida de la opciones es ésta última, sin discusión.

Las 24 horas que tiene un día dan para mucho. Dormimos, comemos, andamos y en según qué casos hasta corremos para ir al trabajo (eso los bienafortunados). En el tiempo que tarda la aguja en recorrer toda la circunferencia del reloj, encontramos un resquicio para ser felices, para estar tristes, enojados, dubitativos, sonrientes, convalecientes. ¿Qué hacer cuando una de las emociones nos cambia por completo? Soluciones las hay, a patadas, desde contagiar al prójimo con ella a pegarnos un tiro en forma de pastilla que nos deje secos hasta que se nos pase. ¡Qué narices! también podemos echar mano de las drogas o el alcohol, o ambas dos para conseguir un mejor resultado, más efectivo a corto y a largo plazo. Claro que, para esta actitud deberíamos ser rockeros, reyes y reinas de la farándula o bohemios pseudo-liberales (sin olvidar, no era mi intención, a ciclistas, indigentes, perroflauteros, toreros o presidentes de autonomía). 

En la interminable cola de un supermercado, quien más, quien menos, ha protagonizado o ha sido partícipe de una de esas conversaciones de ascensor. Los frentes, borrascas y anticiclones no faltan en esas tertulias, a las que se debe añadir la palabra mágica de Navidad, de marca blanca, porque la crisis nació con los primeros préstamos que pidieron los tres reyes magos. ¡Tres hipotecas como la copa de un pino! Os hablo de la nieve, tan recurrente como fría es la bola que te golpea en la cara de manos del niñato de los huevos en su hora de recreo. ¡Ay, esos adorables niños con cara angelical! Es verdad, el verano ya se fue y el olor a castañas asadas inunda los rincones más insospechados. Es época de regalos, de consumo, de gula, de soberbia. Lo es, por supuesto, de limpiarnos la conciencia, pues una vez al año no hace daño. De pecador a pecador, yo te absuelvo.

Volvemos a la cola del ultramarino, sección congelados. Alguien nos empieza a hablar, quejándose de que, como siempre, haya una única cajera en la hora punta. ¿Por qué esa manía de las personas mayores de hablar del éxito de sus hijos, sobretodo si han hecho carrera en el extranjero? Aquí, y ahora, soy de la opinión de que se trata de dos posibles variables. La primera es obvia: viven en soledad, cenando sin más compañía que la radio hasta que crean oportuno irse a la cama con la melancolía a cuestas. Irse a dormir es otro cantar. La segunda es rocambolesca: hace tanto tiempo que el hijo salió del nido materno que ya se ha olvidado de dar señales de vida; vía teléfono, correo o si están a la última, a través de las redes sociales o videoconferencia. Pasar a saludar en persona no, es demasiado pedir para sus ajetreadas vidas.

Ahora es cuando me despido de la señora, mayor, llena de arrugas además de infinidad de vivencias. Llega a trompicones un punto de inflexión tras decirnos adiós. Me he encontrado a gusto escuchándola, dejando que pregonara un discurso ensayado una y mil veces delante del espejo de las verdades. ¿Será que me estoy haciendo mayor? Puede que sí, puede que no. Puede que simplemente sea debido a la soledad que se contagia en la sección de congelados.


Fotografía: Actualidadenjambre

viernes, 19 de noviembre de 2010

Teaser de la novela - Fragmento 4



-Puede que si las cosas fueran al revés, podríamos ir a mejor. Nunca se sabe a ciencia cierta hasta que no se prueba llevándolo a la práctica.                                                                                                                                                                                                 -Deja de fantasear con el fin del mundo. Deberías encerrar en una caja tus pensamientos y tirar la llave al fondo del mar.                                                                                                                                     -Lo haría… de no ser porque ni siquiera tengo una caja donde guardarlos.


¿Qué es un Teaser?

miércoles, 17 de noviembre de 2010

365 trucos sexuales para desatar la pasión. ¿Disculpe?



Conforme escribes, la desilusión y la confianza reman en la misma barca vikinga para intentar navegar cada una a su aldea, venciendo así a su archienemigo. En esta ocasión, de calle, gana mi determinación. Publicar un libro es complicado, salvo para los escritores consagrados, que aunque sus obras bien podrían avivar las hogueras de los sin techo, las editoriales las venden como si estuviéramos ante un nuevo Don Quijote.

A mis manos ha llegado un libro, si se le puede llamar así, titulado 365 trucos sexuales para desatar la pasión, de la escritora Tina Robbins. Según podemos leer en la introducción, la autora nos explica: "En este libro he elegido 365 sugerencias, algunas procedentes de un popular programa radiofónico en el que colaboré. En este pequeño libro se incluye una muestra de aportaciones espontáneas de los oyentes, junto a trucos e ideas que he ido recopilando".

La idea de la escritora es buena, incluso podría llegar a ser didáctica. Sin embargo, tras las primeras hojas y primeros consejos, empiezo a dudar sobre mi actividad sexual. ¿Será que no he sabido ligar ni satisfacer los deseos carnales de mis affairs?

Os dejo unos ejemplos para que recapacitéis sobre vuestra conducta:


Beso sorpresa
Si te interesa una persona desconocida, bésala directamente o abrázate a ella. Pon como excusa que hay alguien que hace rato que te persigue.

¿Acaso nos están incitando a violar a la primera persona que nos atraiga sexualmente? (espero no cruzarme con un grupo de señoras del inserso).


Beso con burbujas
Sírvete una copa de champaña y besa con la boca llena a tu pareja. Seguro que le encanta saborear una boca tan burbujeante como la tuya.

Deberíamos tener cuidado con este consejo. Podríamos atragantarnos si no nos bebemos el champaña a tiempo (en mi pueblo se llama champán) y hay que tener en cuenta que la botellita de Freixenet nos cuesta un ojo de la cara. Mi recomendación sería usar los peta-zeta de toda la vida.


Bromuro
Antiguamente se aplicaba en cuarteles, internados y comunidades religiosas un método inhibidor, basado en añadir pequeñas dosis de bromuro a las comidas. De esta manera se calmaban los ardores sexuales de los jóvenes.

Quizás sería mejor abstenerme a hacer ningún comentario. No entiendo mucho de los productos inhibidores pero si tu pareja usa bromuro contigo, ¡date por jodido! Su intención no es posponer el acto sexual, ¡su propósito es matarte!


Colúmpiate
Construid de forma improvisada un columpio en vuestro dormitorio con una cuerda y una madera. Sentaos los dos encima de la tabla. Columpiaros bien abrazados y disfrutad del balanceo.

¿Quién no ha cogido el taladro alguna vez para montarse un columpio en el salón? Es muy divertido, excitante y desde luego acabará con la rutina de pareja.


Imagen: lamaletaroja

sábado, 13 de noviembre de 2010

La be larga, la ve corta y el jorobado



La reciente reforma de la Real Academia Española ha traído algunas novedades, si bien es cierto que el único punto discutible lo encontramos en la acentuación o no de la palabra "solo" cuando la empleamos como adverbio o como adjetivo. Como artesano de las letras, les pediría que el adverbio volviera a tener una tilde acoplada a su chepa. Me recuerda, en cierto modo, al jorobado de Notre Dame. ¿Qué pasa, que por ser diferente hay que extirpar la joroba como si fuera un virus en vías de expansión? Por esa regla de tres, ¿qué será de los camellos y dromedarios? Ahora, y todo por su culpa, tocará revisar lo escrito hasta la fecha para, poniendo una coma aquí, otra allá, pueda dar sentido a las oraciones. Como volváis a cambiar la norma en menos de un año, os denuncio. ¡A Dios pongo por testigo!

Solo, con el sillón de escudero, pensaba que solo habría problemas con el dichoso solo de los huevos (de codorniz, que soy muy fino) pero me entero que nuestros vecinos los argentinos dan el plante a la nueva medida. Pocas personas conozco que sepan a qué se refieren cuando en países sudamericanos hablan de be larga y de ve corta. Son palabrejas tan malsonantes para nuestros oídos como el coger para los suyos. Para aquellos que no sepan dónde posicionarse, yo les invito a unirse a mí. ¡Cojamos todos y no a la guerra! Cuando escuché, hace ya varios años, en boca de una amiga y compañera de trabajo argentina, deletrear las letras b y v casi me da un soponcio. Por suerte, este carcamal empieza a conocer que no todo es blanco, ni negro, sino todo lo contrario. El truco: escuchar esto y aquello; mezclarse con ellos, ellas y el de la moto.

Una lengua tan extendida como el castellano, con mutaciones esquizofrénicas derivadas de la geografía o el medio de comunicación, no puede obviar las realidades de otros países. Parece que nadie ha preguntado en Argentina si les molestaba poner patas arriba su educación al cambiar la be larga y la ve corta. ¿Alguien ha pensado en el trauma que supondrá para los niños de parvulario? Esos inocentes angelitos ya no volverán a ver igual a sus profesores. Sabrán que les han engañado toda su vida, al igual que los padres lo han hecho con su querido Papá Noel. ¿Cómo se las apañará el profesor de matemáticas para explicarles, de mayores, que la división por 0 no es 0?

Enlace

jueves, 11 de noviembre de 2010

Teaser de la novela - Fragmento 3



Imaginarse media hora antes esa propuesta, lo hubiera hecho vomitar improperios. Ahora, en cambio, se tornaba una buena forma de ahorrarse dinero en un motel. Tendrían techo gratis y muy probablemente un plato de comida caliente para saciar su estómago. Si algo había aprendido en la vida, era a no desaprovechar las oportunidades caídas del cielo.


¿Qué es un Teaser?

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El día en el que Miguel Indurain admitió haberse dopado



Era pequeño y en la comida familiar de Navidad mis tíos me preguntaban a ver qué quería ser de mayor. Mis padres, deslenguados donde los haya, soltaban que yo quería ser ciclista; con mi consiguiente enfado, y vergüenza posterior, por haber revelado mi gran secreto.

"Anda, como Miguelón" -decían entre risas mientras me zarandeaban la cabeza. La idea estaba ahí pero mucho debían de cambiar las cosas para llegar a ser un ciclista profesional. Más, si cabe, cuando mi afición, como la de la inmensa mayoría de los chavales, era el fútbol. Eran cosas de la edad, y de la época en la que me tocó vivir.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Cabalgando a galope en la bicicleta que me regalaron por mi comunión (farsa social basada en los regalos, al igual que las bodas), batía a todos mis contrincantes en la contrareloj. No había repechos en la manzana, a lo sumo había que esquivar a los viandantes y a aquel anciano ciego que salía a pasear todas las mañanas, bastón en mano, con sus azules ojos encendidos a modo de faros diurnos. Para dotar de mayor realismo la carrera, con la intención, quizás, de meterme en el papel, daba tragos de agua del botellín que portaba en el cuadro de la bici antes de la recta definitiva. El último esfuerzo bien lo merecía. Siguiendo las imitaciones, porque como mejor aprende un niño es imitando lo que ve, y en mi caso me pegaba al televisor en cada retransmisión de ciclismo, dejaba de dar la última pedalada en el sprint final. Si el mejor contrarelojista de todos los tiempos lo hacía, sería por algo. Yo, desde luego, practicaba con ahínco esa técnica depurada.

Era el año 1991. Clave en mi educación. En aquella mítica etapa de Val Louron, Claudio Chiappucci y Miguel Indurain demarraron en una escalofriante bajada para aguantar estoicamente los envites de sus perseguidores hasta la llegada a meta. No fue el día en el que el de Villava se enfundó el maillot amarillo para no volverlo a soltar en 5 años. Esa tarde fue el día en el que aprendí el significado de la solidaridad, del trabajo en equipo a pesar de pertenecer a dos conjuntos diferentes. Ganó el compañerismo al dejarle ganar la etapa al italiano por haberle ayudado a conseguir el liderato, como también hizo lo propio, a pesar de ser el más fuerte aquel día, en el mundial de ruta de 1995 al controlar a Pantani y compañía para que Abraham Olano consiguiera el maillot de arco iris con la rueda trasera pinchada al cruzar la meta.

Era el año 1994 y de la mano de mi padre, al que nunca llegué a decirle lo mucho que supuso para mí ese día, veía desde la grada impaciente, con la visera negra de Banesto que el gran campeón lucía en los podios, la lucha titánica de Miguel contra sí mismo y contra las agujas del reloj. Aquel día batió el récord de la hora en Burdeos, con una velocidad para quitarse el sombrero: ¡53,040 km/h!

Era el año 1996, el año donde una de las etapas del tour finalizaba en mi tierra, en Pamplona. La expectación era máxima y la desilusión fue grande al no ver los 1,88 metros de altura del ilustre navarro entre los escapados. Aquel fatídico año el danés Bjarne Riis se aupó al primer puesto de la general del tour, dejando con la miel en los labios el récord que hubiera supuesto ganar 6 tours consecutivos, sobrepasando a leyendas como Anquetil, Hinault y Merckx. Todo se fue al garete y yo le eché la culpa a ese señor calvo que blandía espesas babas blancas en las carreras. ¡Si parecía un abuelo!

Creía en este deporte. Lo disfrutaba sobremanera. Antes hubo escandalosos casos del dopaje internacional, como el famoso "caso Festina" o el "caso Mapei". Yo seguía mirando a otro lado, enganchado a la televisión en la sobremesa del mes de Julio. Sin embargo, cuando en el 2007 aquel ogro danés admitió haberse dopado, el mundo se hizo añicos bajo mis pies. Pensándolo bien, antes habían salpicado a Lemond, Fignon, Bugno, Pantani y un largo etcétera pero que le birlaran el sexto tour a Indurain con trampas me jodía. Y mucho.

Lamentablemente, el caso del dopaje no es algo nuevo. De hecho, es tan antiguo como el ciclismo en sí, con  incidentes que se remontan al siglo XIX. Podéis echar un ojo a este listado con todos los casos de dopaje (supuestos o confirmados) en la historia de este deporte. Todos los ganadores de las grandes vueltas acaban salpicados por el escándalo, prueba de ello es el último caso sonado del de Pinto, Alberto Contador. No obstante, siempre podré hablar con orgullo de mi héroe, el mismo que doblaba 2 veces al año a Claudio Chiappucci con su "Espada". El de Villava, el gran Miguel Indurain, convertido ahora en embajador del Reyno Gourmet.

Así seguirá siendo hasta que lea en el periódico una noticia con el titular de "El día en el que Miguel Indurain admitió haberse dopado".

lunes, 8 de noviembre de 2010

Entrevista Miguel Sánchez-Ostiz por Cornejas de Bucarest

Fotografía:  upload.wikimedia.org

Es un placer tener la oportunidad de leer a un paisano, más si cabe si es un perro viejo curtido en mil batallas. Hablo de Miguel Sánchez-Ostiz, reciente ganador del Premio Euskadi de Ensayo con Lectura de Pablo Antoñana. Os dejo un extracto de la entrevista que realizó el periodista Fernando F. Garayoa con motivo de la publicación de la nueva novela del escritor navarro: Cornejas de Bucarest.

El camino literario está lleno de obstáculos. Hay que saber esquivarlos pero lo más importante será aprender a levantarnos cuando nos tropecemos con ellos. Cuando decidí cambiar mis coordenadas lo tenía claro. Sin embargo, leer, comprobar, corroborar, que un escritor de maratón se sigue haciendo las mismas preguntas que me hago yo al empezar mi carrera, me impulsa a seguir adelante. Porque, el mero hecho de ganarte tu autoestima tras luchar día tras día contra tus miedos, no tiene precio. El resultado merece la pena.


La trama, la historia de "Cornejas de Bucarest" rompe cuando el narrador, que acude a la capital rumana para dar una conferencia, se pregunta: "¿Cómo he llegado hasta aquí?". Aunque usted afirma, no sin cierta ironía, que no es el narrador, traslademos la pregunta a su persona. ¿Cómo ha llegado Miguel Sánchez-Ostiz hasta aquí?

La forma convencional de responder a esta pregunta sería ofrecer la respuesta que el público quiere escuchar, haciendo un desarrollo lineal de tu vida sin matices: yo fui un abogado que tenía una gran vocación hacia la literatura, sin saber muy bien lo que era aquello, que quería escribir pero no sabía lo que quería escribir y, además, no tenía herramientas para hacerlo; herramientas que me ha costado muchos años conseguirlas. Pero, aunque quede muy bien y muy ampuloso, he aprendido que lo mejor es no ponerse en escena en plan solemne y decir cosas como (entona con ironía y sarcasmo): "dejé de escribir para no convertirme en la sombra de mí mismo" (risas)... 

Simplemente dejas una profesión y empiezas a dedicarte a esta a salto de mata, y a la que sale. Escribes, si tienes suerte publicas, y publicas, y escribes, y a la vez vives... Esto es lineal y queda bonito, pero, ¿detrás de esto qué hay? Ésta no es una pregunta fácil. Detrás de esto, ¿qué luchas hay contigo mismo, con la escritura, con la literatura, con la adquisición de un lenguaje propio...? ¿Qué piensas tú mismo de lo que has escrito? ¿Es eso lo que tú querías escribir o era otra cosa? ¿Era para eso para lo que querías escribir o para otra cosa...? ¿Para que te aplaudieran? ¿Para ganar pasta? ¿O para ser alguien? Esas son las preguntas verdaderas que debe hacerse un escritor. Y en esta novela, el narrador se ve obligado a hacérselas, y las responde como puede... Y creo que no de manera muy satisfactoria ya que son preguntas complicadas que se hace porque, a su vez, siente que tiene algo que decir. 

En mi caso es el sentimiento de una rebeldía ante el mundo que te ha tocado vivir; es la expresión de ese desacuerdo, de ese disgusto contigo mismo y con el mundo lo que está en la escritura, y no puedes parar de escribir... El otro día cite una cosa recogida de un libro que me influyó mucho de muy joven, La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell. Este libro lo leí cuando tenía 16 años, pero lo releo de vez en cuando... Es un ejemplar de Austral, que está hecho una porquería a base de leerlo y subrayarlo, pero es mi libro... En esta obra, Russell dice que el escritor que escribe para que le aplaudan va dao porque tiene la insatisfacción asegurada... La verdad es que en Cornejas de Bucarest hay un repaso, con mucha burla de mí mismo, de toda mi carrera literaria.



 
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