sábado, 13 de noviembre de 2010

La be larga, la ve corta y el jorobado



La reciente reforma de la Real Academia Española ha traído algunas novedades, si bien es cierto que el único punto discutible lo encontramos en la acentuación o no de la palabra "solo" cuando la empleamos como adverbio o como adjetivo. Como artesano de las letras, les pediría que el adverbio volviera a tener una tilde acoplada a su chepa. Me recuerda, en cierto modo, al jorobado de Notre Dame. ¿Qué pasa, que por ser diferente hay que extirpar la joroba como si fuera un virus en vías de expansión? Por esa regla de tres, ¿qué será de los camellos y dromedarios? Ahora, y todo por su culpa, tocará revisar lo escrito hasta la fecha para, poniendo una coma aquí, otra allá, pueda dar sentido a las oraciones. Como volváis a cambiar la norma en menos de un año, os denuncio. ¡A Dios pongo por testigo!

Solo, con el sillón de escudero, pensaba que solo habría problemas con el dichoso solo de los huevos (de codorniz, que soy muy fino) pero me entero que nuestros vecinos los argentinos dan el plante a la nueva medida. Pocas personas conozco que sepan a qué se refieren cuando en países sudamericanos hablan de be larga y de ve corta. Son palabrejas tan malsonantes para nuestros oídos como el coger para los suyos. Para aquellos que no sepan dónde posicionarse, yo les invito a unirse a mí. ¡Cojamos todos y no a la guerra! Cuando escuché, hace ya varios años, en boca de una amiga y compañera de trabajo argentina, deletrear las letras b y v casi me da un soponcio. Por suerte, este carcamal empieza a conocer que no todo es blanco, ni negro, sino todo lo contrario. El truco: escuchar esto y aquello; mezclarse con ellos, ellas y el de la moto.

Una lengua tan extendida como el castellano, con mutaciones esquizofrénicas derivadas de la geografía o el medio de comunicación, no puede obviar las realidades de otros países. Parece que nadie ha preguntado en Argentina si les molestaba poner patas arriba su educación al cambiar la be larga y la ve corta. ¿Alguien ha pensado en el trauma que supondrá para los niños de parvulario? Esos inocentes angelitos ya no volverán a ver igual a sus profesores. Sabrán que les han engañado toda su vida, al igual que los padres lo han hecho con su querido Papá Noel. ¿Cómo se las apañará el profesor de matemáticas para explicarles, de mayores, que la división por 0 no es 0?

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