domingo, 28 de noviembre de 2010

La absurda vida de un pelo cualquiera



¿Alguna vez te has preguntado cuál es el propósito de tu existencia?

Sales al ruedo sin más protección que los alientos de tus camaradas, que no es poco, con la osada tarea de trabajar las 24 horas del día; sin descanso y sin tener el manual de instrucciones. Te dicen que naces con el nada desdeñable objetivo de proteger a otros desde tu nacimiento y que deberás ser fiel hasta tu muerte, sea de forma natural o a tijeretazo limpio.

Cumples con tu trabajo lo mejor que sabes, puedes o te dejan, para ver cómo al final de mes tienes que ir preparando las maletas rumbo a un lugar alejado de la vida social. Partes, sin saberlo, a un estercolero de iguales a ti, formando cola hasta nuevo aviso; si lo hay. Si se acuerdan de ti. Con el paso del tiempo, únicamente los más fuertes sobreviven. Ya se sabe, sólo puede quedar uno. El resto caen al ritmo de las hojas en los malhumorados otoños, partícipes de la desbandada de los romances de verano. ¿Alguien se acuerda de ellos al abrir el regalo de Navidad con un suéter adentro, de punto de cruz, bordado de tu abuela? Los que se olvidaron los calzoncillos de la suerte en el piso de sus medias mandarinas tal vez.   

Después de abrirte camino en el oficio, te enteras de que, al parecer, hay otros como tú desempeñando las mismas labores pero en otras demarcaciones. Por lo visto, algunos son más necesarios que otros; más estéticos, más morenos, pelirrojos o rubios que tú. Con el rabo entre las piernas, debes morderte la lengua sin levantar sospechas de que no estás conforme con el baremo que se te aplica. Tú mereces algo más. Por desgracia para ti, el axioma que pensabas que exclusivamente habitaba en tu cerebro, llega a oídos de tus superiores. No hace falta tener mucha imaginación para saber qué es lo que viene a continuación. Tu decapitación, exaltación de tu rocambolesca imaginación. 

Llegados a este punto de pesimismo, salimos de patrulla a la caza de soluciones drásticas. Atando cabos, nos ponemos en contacto con otros que se encuentran en tu misma situación. Para cuando te quieres dar cuenta, plantas cara a la patronal con una cooperativa compuesta por enfurecidos individuos. Entonces es cuando te das cuenta de que has perdido la vergüenza, la razón o tu orgullo, y prestas tus servicios a un nuevo proyecto, ambicioso a más no poder. Ahora, ya es oficial, eres miembro de un peluquín. La pregunta es, ¿acabarás ocultando las carencias del portador?

Si no quieres arrepentirte de tu decisión, sirviendo de criadero de pulgas para un chucho sarnoso, será mejor que te asesores debidamente. Avisado estás.


Imagen: animalesmascotas.com

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