lunes, 8 de noviembre de 2010

Entrevista Miguel Sánchez-Ostiz por Cornejas de Bucarest

Fotografía:  upload.wikimedia.org

Es un placer tener la oportunidad de leer a un paisano, más si cabe si es un perro viejo curtido en mil batallas. Hablo de Miguel Sánchez-Ostiz, reciente ganador del Premio Euskadi de Ensayo con Lectura de Pablo Antoñana. Os dejo un extracto de la entrevista que realizó el periodista Fernando F. Garayoa con motivo de la publicación de la nueva novela del escritor navarro: Cornejas de Bucarest.

El camino literario está lleno de obstáculos. Hay que saber esquivarlos pero lo más importante será aprender a levantarnos cuando nos tropecemos con ellos. Cuando decidí cambiar mis coordenadas lo tenía claro. Sin embargo, leer, comprobar, corroborar, que un escritor de maratón se sigue haciendo las mismas preguntas que me hago yo al empezar mi carrera, me impulsa a seguir adelante. Porque, el mero hecho de ganarte tu autoestima tras luchar día tras día contra tus miedos, no tiene precio. El resultado merece la pena.


La trama, la historia de "Cornejas de Bucarest" rompe cuando el narrador, que acude a la capital rumana para dar una conferencia, se pregunta: "¿Cómo he llegado hasta aquí?". Aunque usted afirma, no sin cierta ironía, que no es el narrador, traslademos la pregunta a su persona. ¿Cómo ha llegado Miguel Sánchez-Ostiz hasta aquí?

La forma convencional de responder a esta pregunta sería ofrecer la respuesta que el público quiere escuchar, haciendo un desarrollo lineal de tu vida sin matices: yo fui un abogado que tenía una gran vocación hacia la literatura, sin saber muy bien lo que era aquello, que quería escribir pero no sabía lo que quería escribir y, además, no tenía herramientas para hacerlo; herramientas que me ha costado muchos años conseguirlas. Pero, aunque quede muy bien y muy ampuloso, he aprendido que lo mejor es no ponerse en escena en plan solemne y decir cosas como (entona con ironía y sarcasmo): "dejé de escribir para no convertirme en la sombra de mí mismo" (risas)... 

Simplemente dejas una profesión y empiezas a dedicarte a esta a salto de mata, y a la que sale. Escribes, si tienes suerte publicas, y publicas, y escribes, y a la vez vives... Esto es lineal y queda bonito, pero, ¿detrás de esto qué hay? Ésta no es una pregunta fácil. Detrás de esto, ¿qué luchas hay contigo mismo, con la escritura, con la literatura, con la adquisición de un lenguaje propio...? ¿Qué piensas tú mismo de lo que has escrito? ¿Es eso lo que tú querías escribir o era otra cosa? ¿Era para eso para lo que querías escribir o para otra cosa...? ¿Para que te aplaudieran? ¿Para ganar pasta? ¿O para ser alguien? Esas son las preguntas verdaderas que debe hacerse un escritor. Y en esta novela, el narrador se ve obligado a hacérselas, y las responde como puede... Y creo que no de manera muy satisfactoria ya que son preguntas complicadas que se hace porque, a su vez, siente que tiene algo que decir. 

En mi caso es el sentimiento de una rebeldía ante el mundo que te ha tocado vivir; es la expresión de ese desacuerdo, de ese disgusto contigo mismo y con el mundo lo que está en la escritura, y no puedes parar de escribir... El otro día cite una cosa recogida de un libro que me influyó mucho de muy joven, La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell. Este libro lo leí cuando tenía 16 años, pero lo releo de vez en cuando... Es un ejemplar de Austral, que está hecho una porquería a base de leerlo y subrayarlo, pero es mi libro... En esta obra, Russell dice que el escritor que escribe para que le aplaudan va dao porque tiene la insatisfacción asegurada... La verdad es que en Cornejas de Bucarest hay un repaso, con mucha burla de mí mismo, de toda mi carrera literaria.



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